En el PSOE, la militancia ha ocupado su lugar

He estado escuchando y leyendo múltiples análisis hoy, el día siguiente a las primarias del PSOE en las que Pedro Sánchez ha conseguido una holgada mayoría (ha superado el 50% de los votos de toda España (con más del 85% de participación). Es decir, que ha conseguido sumar más votantes que los dos otros candidatos, Susana Díaz y Patxi López, juntos.

Me gustaría añadir un elemento a estos análisis, un elemento que he visto poco militancia PSOEconsiderado en la mayoría de análisis a pesar de que me parece  fundamental tanto para entender lo que ha ocurrido como para poder prever lo que va a ocurrir en el próximo futuro. Se trata de la sensación de muchos militantes de que las decisiones, en su partido, son adoptadas por un núcleo reducido de personas; no solo a nivel nacional sino desde el nivel local, hurtando al militante cualquier posibilidad de participar, realmente, en los debates y decisiones de su organización.

El nuevo papel de la militancia

Esta especie de “control blando” de la militancia por parte de las jerarquías, se manifiesta por diversos mecanismos que se defienden como democráticos -“están en los estatutos”, dicen- pero que cuentan con que el militante no se va a atrever a llevar la contraria a sus dirigentes más próximos. Mecanismos como hacer las propuestas desde la comisión ejecutiva correspondiente y aprobarlas por asentimiento. Lo mismo ocurre con la adopción de decisiones clave o estratégicas en Congresos a los que asisten únicamente delegados quienes, por supuesto, son elegidos también por asentimiento (es decir, sin posibilidad de voto secreto) a propuestas de la ejecutiva de turno. Es decir, los cargos orgánicos son los que, en la práctica, designan a las personas que van a tomar (“democráticamente”, se dice) las decisiones estratégicas (las que se toman en los congresos).

Lo que ha ocurrido en la sociedad, con la colaboración de las redes sociales, es que los ciudadanos siguen mucho más lo que ocurre en la política, es decir, en su vida diaria (educación, sanidad, empleo, dependencia, desahucios, hipotecas, pobreza energética, corrupción,…..). Eso, combinado con la profunda crisis que tanto ha empeorado la vida de la mayoría de la población desde 2008, ha generado indignación y la movilización de la población alrededor de los asuntos que más han impactado en los españoles.

En cuanto a los partidos politicos, parece mentira que sus dirigentes no se hayan dado cuenta de que, si la población en general está tan movilizada, lo normal es que sus militantes, que no son sino ciudadanos especialmente interesados y motivados por “la cosa pública”, deseen también influir en la realidad de las cosas. Y que, aquel que es militante, va a querer influir por el mejor cauce del que dispone: su partido.

Por eso los militantes de partidos políticos  han pasado de conformarse con ser votantes y aportar su mano de obra a las campañas del partido, a querer participar activamente en los debates, hacer aportaciones e influir, democráticamente, en las políticas de su partido. Y ese es un proceso progresivo que se inició ya en el PSC en 2011 y que ha llegado al PSOE en 2017.

La “revolución desde abajo” del PSC

En el PSC, esa “revolución de la militancia” fue mucho más suave que la actual del PSOE. Probablemente porque se produjo antes, cuando la situación general no estaba tan deteriorada como en estos momentos. La causa del levantamiento de los militantes fue un cierto hartazgo de ser considerados como simples peones por parte de la estructura dirigente y se produjo tras un retroceso electoral muy importante del PSC, partido históricamente hegemónico en las ciudades grandes y medianas de Catalunya, en las elecciones municipales de 2011.

La chispa que lo provocó fue un simple tweet de una joven Alcaldesa de un pequeño pueblo de Girona, Núria Rodríguez que tweeteó “Necessitem un congrés des de baix” (Necesitamos un congreso desde abajo). Ese tweet se difundió como la pólvora con la etiqueta #congresdesdebaix (aunque en mayo de 2011 las redes sociales no estaban tan generalizadas como hoy).

Una diferencia importante con lo ocurrido ahora en el PSOE fue que aquel movimiento no defendía a ninguno de los candidatos a la Secretaría del PSC sino que se pedía solo más democracia interna y más participación de las bases en las decisiones importantes. Es decir, fue un movimiento de la base, sin líderes significados que aspiraran a ningún cargo ni orgánico ni institucional.

Ese movimiento consiguió que much@s compañer@s se atrevieran a presentar su candidatura como delegados al congreso que se celebraba en noviembre. Hoy puede parecer tremendo contar esto o, incluso, ridículo (¿cómo va a generar tensión pedir lo que dicen los estatutos?) pero puedo asegurar que la tensión que se te venía encima al  tomar esa decisión era muy grande.

El segundo gran éxito, fue que se forzó, mediante la recogida de firmas, la votación en urna del informe de gestión del Secretario saliente. El resultado fue una aprobación amplia del informe pero no, una aprobación “a la búlgara” como se habría producido votando a mano alzada.

Ambos cambios significaron un antes y un después en la cultura del partido; un antes y un después en las formas de dirigir, de organizar y también, de vivir el partido por parte de todos.

Y en el PSOE

En el PSOE ha ocurrido el mismo proceso aunque con sus diferencias. Ha sido una persona, Pedro Sánchez, quien ha catalizado el fenómeno y está claro que el detonante de todo fue el vergonzante derrocamiento del Secretario General (a quien yo no voté en su día, por cierto) del 1 de Octubre, seguido de la igualmente vergonzante abstención gratuita ante Mariano Rajoy y el PP.

En ambos casos, PSC y PSOE, la militancia empezó a superar la barrera del miedo. Ésa es una realidad muy evidente en el caso de Susana Díaz (muchos de los militantes andaluces se sentirían “obligados” a firmar el aval pero decidieron votar por otro candidato cuando pudieron expresarse de forma secreta). Eso no les ocurrió ni a Patxi López ni a Pedro Sánchez que apenas contaban con apoyos entre los dirigentes del partido y que tuvieron más votos que avales (lo lógico en cualquier situación normal).

¿Qué ocurrirá a partir de ahora?

En mi opinión, el cambio del PSOE en cuanto a su funcionamiento interno es imparable. Más democracia, mayor relevancia de los militantes pero también, mayor valoración del talento, mayor peso a las opiniones de los jóvenes, mayor apertura a nuevas ideas que van a ser necesarias para elaborar el nuevo discurso del PSOE (y el de la socialdemocracia europea a la que el PSOE tiene la oportunidad de aportar elementos fundamentales como proclamaba hace solo 3 días en Sevilla la Alcaldesa de París, Anne Hidalgo).

No creo que se produzcan problemas graves en el próximo congreso, el mes que viene. La militancia no solo ha dicho quien quiere que dirija el partido, sino también que quiere un cambio significativo en el partido. Y eso va a ser así porque cualquier lider regional que se oponga a ello va a ser rechazado por sus propios militantes. El primer paso va a ser la elección de los delegados al congreso que los militantes no van a permitir que sea “teledirigida” por las estructuras directivas, ni regionales ni locales, sino que va a tener que contar con la aprobación activa (y no solo, pasiva por asentimiento) de los militantes de cada agrupación.

En cuanto a las resoluciones del congreso, es decir, al nuevo programa del PSOE, lo más seguro es que el documento programático del equipo de Pedro Sánchez, elaborado por un equipo intelectualmente muy potente (Borrell, Escudero, Narbona, Tezanos,…) y que ha pasado ya por un amplísimo proceso de debate con decenas de miles de aportaciones, permita reformular completamente la gris, nada ilusionante y “más de lo mismo” ponencia política oficial.

Los dirigentes territoriales que no sean capaces de aceptar y defender esos cambios, van a tener que  convencer de su posición a sus militantes; y éstos van a exigir, hayan votado a quien hayan votado en las primarias, que se les tenga en cuenta en la nueva vida del partido.

Por cierto, si el PP cree que es inmune a esta democratización y apertura de los partidos, que se prepare porque su “rebelión de las bases”, aunque todavía pueda tardar,  puede ser más mucho más dura que la del PSOE. Al fin y al cabo, el PSOE ha dado un cauce a la suya mediante la organización de las elecciones internas más democráticas, con muchísima diferencia, de las que haya celebrado nunca cualquier otro partido político español (viejo o nuevo). Lo que pueda ocurrir el día que los militantes del PP se harten de tolerar la corrupción de sus dirigentes, puede resultar mucho más drástico que lo ocurrido ayer en el PSOE. El PSOE, en mi opinión, va a salir muy reforzado, va a renacer del proceso que está pasando y volverá a ser el partido hegemónico de la izquierda española. El PP quizá se esté jugando, al estilo de la Convergència de Pujol, su desaparición o su caida en la irrelevancia.

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